
Agualuz del horizonte es la obra que engalana la emisión del Premio Nacional de Poesía “José Muñoz Cota” 2021. Con ella Daniel Ibarra Ponce, nos envuelve en la sábana de su escritura, pues cada letra, cada palabra, cada verso, cada acento, cada coma y cada punto, son respiros que nos permiten retomar el ritmo, la imagen y la metáfora.
En Agualuz del horizonte lo posible se modifica cuando se practica con los hechos, sobre todo, si partimos que la poesía es un estado de vida, más que un conteo silábico o una rima asonante. Esto el autor lo sabe, además entiende que la verdadera poesía no se escribe, se palpa, se huele, se saborea y se vive.
Ningún escritor ha llegado a ser grande sin ese toque de ingenio que lo lleva generalmente –por accidente a la originalidad–, a un estilo literario.
“Me asomo en el río / mi rostro / sobre al agua / se desdibuja / en la pupila hay / duplicación de espejos, / y en esta agua mirar / se refleja / un horizonte.”
Puede advertirse en algunos primeros versos el placer de eslabonar un arte poética casi genuina, que nos abre puertas y ventanas a la luz de la tinta esparcida por el autor.
A ciencia cierta se percibe que en esta obra, no existe mejor poética que la vivencial, aquella que se palpa en la sangre y en el aliento del poeta que incendia con sus letras el campo virgen de la hoja en blanco; por un lado, la poética se hace reflexión en la teoría, y por otro, la retórica se vuelve estética, sobre todo cuando: ingenio y creación, imagen y metáfora, inspiración y autor, se hacen uno.
Por Federico Corral Vallejo,
Poeta de Chihuahua y Crítico Literario

